Las olas de calor en España: una amenaza creciente para la salud pública
El aumento de las temperaturas extremas exige reforzar la adaptación del sistema sanitario y la protección de las personas más vulnerables
Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales asociados exclusivamente al verano. En España, los últimos años muestran una tendencia clara: los episodios de altas temperaturas son cada vez más frecuentes, intensos y tempranos, y sus efectos sobre la salud ya se están reflejando en los sistemas de vigilancia epidemiológica.
El Ministerio de Sanidad ha advertido de que mayo de 2026 ha registrado la cifra más alta de mortalidad asociada al calor para este mes desde el inicio de la serie en 2015. Según las estimaciones del sistema MoMo, se han contabilizado 101 defunciones atribuibles a las altas temperaturas durante ese mes, un dato que multiplica por 3,6 la media de fallecimientos asociados al calor registrada en los meses de mayo de la última década.
Este episodio confirma una realidad cada vez más evidente: el calor extremo ya no puede entenderse como un riesgo limitado a julio y agosto. La exposición a temperaturas elevadas antes del verano meteorológico aumenta la vulnerabilidad de la población y exige anticipar las medidas de prevención.
El calor extremo, un riesgo directo para la salud
El calor afecta a la salud de múltiples formas. Puede provocar golpes de calor, deshidratación, agotamiento, alteraciones cardiovasculares y respiratorias, agravamiento de enfermedades crónicas y un aumento de la mortalidad en personas vulnerables. También puede afectar a la salud mental, al sueño, al rendimiento laboral y a la seguridad de quienes trabajan al aire libre o en espacios mal climatizados.
La Organización Mundial de la Salud recuerda que el calor es uno de los riesgos ambientales y laborales con mayor impacto sobre la salud, y que la exposición al calor extremo está aumentando de forma exponencial como consecuencia del cambio climático.
Los grupos más vulnerables son las personas mayores, especialmente mayores de 75 años, los bebés y menores de corta edad, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o mentales, quienes toman determinados medicamentos, las personas en situación de pobreza energética y quienes trabajan al aire libre.
España, cada vez más expuesta a episodios extremos
El verano de 2025 fue el más cálido registrado en España desde el inicio de la serie histórica en 1961, con una temperatura media peninsular de 24,2 ºC, 2,1 ºC por encima del promedio del periodo de referencia 1991-2020. Ese año también se registraron varias olas de calor en la Península, Baleares y Canarias.
El impacto sanitario fue muy significativo. Según el Ministerio de Sanidad, entre 2015 y 2025 se estimaron 27.564 defunciones atribuibles a las altas temperaturas. El año 2022 fue el de mayor impacto, con 4.789 fallecimientos atribuibles al calor, seguido de 2025, con 3.832.
Además, durante el periodo comprendido entre el 16 de mayo y el 13 de julio de 2025, el sistema MoMo atribuyó 1.180 fallecimientos a las olas de calor, frente a 114 en el mismo periodo de 2024. Estos datos muestran que los episodios tempranos e intensos pueden tener consecuencias sanitarias graves incluso antes de los meses tradicionalmente más cálidos.
El papel del sector sanitario ante las olas de calor
El sistema sanitario está en primera línea ante los impactos del cambio climático. Las olas de calor incrementan la demanda asistencial, agravan patologías previas, afectan especialmente a pacientes vulnerables y obligan a reforzar la capacidad de anticipación de los servicios sanitarios.
Por ello, la respuesta frente al calor extremo debe ir más allá de la atención a las urgencias. Es necesario avanzar en prevención, vigilancia epidemiológica, coordinación con servicios sociales, identificación de personas vulnerables, adaptación de centros sanitarios, formación de profesionales y comunicación clara a la ciudadanía.
Los hospitales, centros de salud y servicios sanitarios tienen un papel clave para reducir riesgos: pueden integrar alertas de calor en sus protocolos, reforzar el seguimiento de pacientes vulnerables, adaptar espacios asistenciales, mejorar la climatización eficiente, revisar la continuidad asistencial ante eventos extremos y participar activamente en la sensibilización de la población.
Sanidad #PorElClima: actuar también desde el sector sanitario
Desde Sanidad #PorElClima, recordamos que el cambio climático es también una cuestión de salud pública. Las olas de calor muestran con claridad la necesidad de avanzar hacia un sistema sanitario más sostenible, resiliente y preparado para los impactos climáticos.
La acción climática en sanidad tiene una doble dimensión: reducir la huella ambiental del sector y reforzar su capacidad de adaptación ante riesgos como el calor extremo, la contaminación atmosférica o los eventos meteorológicos extremos.
La protección de la salud exige anticipación, coordinación y transformación. Frente a las olas de calor, no basta con reaccionar cuando se producen los episodios más graves: es necesario preparar los centros sanitarios, proteger a las personas más vulnerables y situar la salud en el centro de las políticas climáticas.
Fuentes y más información:
- Ministerio de Sanidad (2026). Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2026
- Ministerio de Sanidad (2026). Datos de mortalidad atribuible al calor estimados por el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III
- AEMET (2025). Resumen anual climatológico de España 2025
- Organización Mundial de la Salud, Heat and health (2025)
- El Periódico (2026). La primera ola de calor del año deja al menos 64 muertes prematuras atribuibles a las altas temperaturas en España.

