Los desplazamientos de los trabajadores hacia sus centros laborales representan una parte relevante de la huella de carbono de cualquier organización. Aunque se trate de emisiones indirectas, provienen de su actividad y, en una institución sanitaria, adquieren un significado particular. Para la Gerencia de Atención Integrada de Guadalajara (GAIGU), resulta esencial incorporarlas a su estrategia ambiental, no solo por su contribución al cambio climático, sino por la relación entre movilidad, contaminación y salud. Como proveedores de salud, buscamos coherencia con nuestra misión reduciendo el impacto de la movilidad.
En Guadalajara confluyen factores que refuerzan esta necesidad: dispersión de la población entre municipios, movilidad interprovincial con Madrid y limitaciones en transporte público e infraestructuras. Por todo ello, la movilidad laboral se presenta como uno de los principales desafíos ambientales y sociales de la región.
Ante esta realidad, la GAIGU ha establecido tres objetivos: calcular la huella de carbono de los desplazamientos; estudiar los hábitos de movilidad de los trabajadores; y establecer estrategias y acciones que fomenten la movilidad sostenible para reducir la huella de carbono y la contaminación asociada.
El primer paso ha sido la elaboración de una encuesta de movilidad, enviada en septiembre a todo el personal durante la Semana Europea de la Movilidad 2025, con el doble objetivo de recopilar datos y fomentar la sensibilización. La información permitirá extrapolar la huella de carbono de más de 4000 profesionales, diferenciando entre atención hospitalaria y primaria, pues las necesidades de transporte son muy distintas en cada ámbito.
A partir del análisis se plantearán posibles medidas: instalación de estaciones de recarga de vehículos eléctricos, impulso del coche compartido mediante aplicaciones gratuitas, campañas de movilidad activa (andar, bicicleta), creación de aparcamientos seguros para bicicletas y patinetes, mejora de la accesibilidad al hospital en colaboración con ayuntamientos (autobuses, carriles bici, itinerarios peatonales), así como acciones de sensibilización para trabajadores, pacientes y visitantes.
Con esta iniciativa, se avanza en la integración de la sostenibilidad en la gestión sanitaria, demostrando que cuidar de la salud también significa reducir el impacto ambiental y construir entornos más saludables.
La recogida de datos sobre movilidad (distancia, medio de transporte, frecuencia...) y el cálculo de huella de carbono de los desplazamientos son técnicas estandarizables y repliclables en cualquier hospital, centro de salud.... Cualquiera, independientemente de su tamaño o ubicación, puede aplicarlas.
Las medidas propuestas también pueden aplicarse en cualquier contexto sanitario, y adaptarse a las necesidades de cada uno de ellos.
El tráfico rodado es una de las principales fuentes de contaminación en las ciudades, al emitir gases de efecto invernadero y contaminantes derivados de combustibles fósiles. Estos no solo agravan el cambio climático al aumentar la huella de carbono, sino que también deterioran la calidad del aire, con consecuencias directas sobre la salud. La exposición continuada a estos contaminantes incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, neurológicas e incluso cáncer de pulmón en no fumadores. En España, la contaminación atmosférica se relaciona con unos 62.000 ingresos hospitalarios urgentes al año, con un coste superior a 850 millones de euros y, en Castilla-La Mancha, provoca alrededor de 1.100 muertes anuales.
En este contexto, calcular la huella de carbono generada por los desplazamientos diarios de los trabajadores y analizar sus pautas de movilidad resulta clave para diseñar estrategias de reducción. Impulsar la movilidad sostenible no solo mejora la calidad del aire y disminuye la huella de carbono, sino que aporta beneficios directos a los profesionales, a pacientes y a la ciudadanía: menor incidencia de enfermedades ligadas a la contaminación, más actividad física y menos estrés. Además, reducir esas emisiones podría aliviar la carga del sistema sanitario, permitiendo que esos recursos se usen en prevención, atención primaria o mejoras asistenciales.