El presente estudio ambiental tiene como finalidad justificar la implantación de un sistema de generación fotovoltaica y de sensores de movimiento para el control de la iluminación en un centro de salud, con el objetivo de reducir el consumo energético, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la sostenibilidad ambiental del edificio.
Los centros de salud son edificios con una elevada demanda energética debido a:
Actualmente, la energía consumida procede principalmente de la red eléctrica convencional, cuya generación incorpora todavía fuentes fósiles que producen emisiones de CO₂.
Asimismo, en numerosas zonas del centro (pasillos, aseos, almacenes, archivos, salas de espera secundarias y áreas de personal) la iluminación permanece encendida durante periodos en los que no existe ocupación efectiva, generando consumos innecesarios.
Descripción de las actuaciones propuestas
1. Instalación de placas solares fotovoltaicas
Se propone la instalación de un sistema fotovoltaico sobre la cubierta del edificio para el autoconsumo eléctrico.
Características generales:
La energía generada se destinará prioritariamente al consumo propio del edificio, reduciendo la demanda de electricidad procedente de la red.
2. Instalación de sensores de movimiento
Se propone la colocación de detectores de presencia en:
Estos dispositivos activarán la iluminación únicamente cuando se detecte ocupación y la desconectarán automáticamente tras un periodo determinado de inactividad.
Existiría posibilidad de replicar esta iniciativa en centros de salud que dispongan de superficies planas en sus tejados con capacidad para sostener el peso de las unidades de placas fotovoltaicas necesarias para cubrir las necesidades energéticas del centro de salud.
La posibilidad de colocar los sensores de movimiento para el ahorro energético de luz también sería viable en muchos centros de salud, sobre todo en zonas en las que no hay mucha actividad de personal y usuarios.
La cubierta del Centro de Salud de San Martín de la Vega presenta, de forma preliminar, capacidad suficiente para albergar una instalación fotovoltaica de aproximadamente:
Estos valores justifican técnica, económica y ambientalmente la implantación de energía fotovoltaica en el centro.
1. Reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
La energía solar fotovoltaica genera electricidad sin combustión y sin emisiones directas de CO₂.
Considerando una instalación fotovoltaica de aproximadamente 50 kWp, la producción anual podría situarse entre: 70.000 y 80.000 kWh/año
Tomando como referencia un factor medio de emisión de: 0,20 kg CO₂/kWh
Se evitaría la emisión aproximada de: 14 a 16 toneladas de CO₂ anuales equivalentes a la absorción de carbono realizada por más de 700 árboles maduros.
2. Reducción del consumo energético
La instalación de sensores de movimiento permite disminuir significativamente el tiempo de funcionamiento de la iluminación.
Los estudios de eficiencia energética muestran reducciones habituales de: 20 % a 40 % del consumo de iluminación y hasta 60 % en zonas de ocupación intermitente.
Para un centro de salud con un consumo anual de iluminación de 40.000 kWh, el ahorro estimado sería: 8.000 a 16.000 kWh/año
3. Disminución de la huella de carbono:
La combinación de energía renovable y control inteligente de iluminación genera una reducción significativa de la huella ambiental del edificio y contribuye a las estrategias de descarbonización del sector sanitario.
4. Sensibilización ambiental
La presencia visible de instalaciones fotovoltaicas y medidas de eficiencia energética transmite a usuarios y trabajadores una imagen de compromiso ambiental y fomenta hábitos responsables de consumo energético.
La instalación de placas solares fotovoltaicas y sensores de movimiento en el centro de salud constituye una actuación ambientalmente sostenible, técnicamente viable y alineada con los objetivos de eficiencia energética de las administraciones públicas.
Los principales beneficios identificados son: